Teounamilagonía. Primera parte.
En primer lugar existió Exnor[1], dios narciso, quién creó suelos y mares, montañas y desiertos. Amaba el silencio de las aguas y el viento. En su aburrimiento empezó a crear animales e insectos por doquier. Todo era maravilloso pero sólo él podía admirar todo lo bueno que había creado y glorificarse. Exnor creó así a Xinefelux[2], dios de la sabiduría, a su semejanza. Lo llamó hermano al instante en que Xinefelux cobro vida. Sus rasgos idénticos no tardaron en ser una molestia para Exnor, necesitaba constantemente demostrarle a Xinefelux que jamás lo igualaría, más que en fuerza. No le había bastado con limitar sus facultades, lo erigió estéril y a pesar de llevar consigo todo el conocimiento de Exnor, Xinefelux no podría crear vida de ninguna clase.
Exnor consideró que tal vez debía crear un opuesto, para así contrarrestar ese rechazo hacia su hermano. Creó así a una mujer muy bella para pudiera admirarlo. La llamó Anaxix[3], la diosa de la belleza y la perspicacia, sólo bastaba con quererlo para obtener lo que deseaba. Su fuerza era limitada, e igual de Xinefelux, era estéril.
Anaxix fue codicia para Xinefelux, quién comenzó un batalla con Exnor. Cruzaron en un duelo de cientos de años.Exnor vio las heridas de su hermano y pactó una tregua, su condición: exiliarse de Scamall[4]. El cuerpo de Xinefelux presentaba lesiones. Exnor creó entonces a Ox[5] de su sombra, y envió a sanar las heridas de Xinefelux, causadas por el enfrentamiento. Xinefelux no podría regenerar sus heridas como Exnor, por lo que podía pasar tiempo antes de que sanara naturalmente.Ox quedó libre en el mundo listo para curar a quien lo necesitara, invisible para los humanos, quienes conocían su existencia e invocaban su gracia cuando era necesario.
Exnor tras la disputa con su hermano, y no conforme con Anaxix, creó una nueva diosa. Ya no quería una belleza para deslumbrar sino alguien que lo adorara. Creó a Ura[6], diosa del amor y la paz, le dio dones de entendimiento y alegría para persuadir los malos pensamientos, tras el exilio de su hermano, sospechóque jamás lo perdonaría.
La ausencia de Xinefelux desganó a Exnor. Vivía con dos mujeres con las que no compartía entretenimiento, y era hora de cambiarlo. Creó a Ekut[7], dios de la fertilidad y la vida. Ekut no sería sólo un hombre para su compañía, tenía planes mucho más ambiciosos. Exnor creó también a un hombre y una mujer, pero sin poderes ni inmortalidad, con el fin de lograr la idolatría de seres que no opacasen ni un poco su magnificencia. Ekut daría fertilidad a los humanos y a sus descendencias.
Exnor veía a los mortales desde arriba del Scamall, una nube con un palacio oculto. Al morir los primeros unamilemses, sus almas se elevaban. En un principio se regocijaba por tener fieles seguidores que lo complacían en su palacio; pero pasaban los años y las almas ocupaban su espacio e invadían su tranquilidad. Harto, llamó a Ekut, otorgándole el poder para que cada alma pudiera volver a nacer. Exnor no consideraba que fuera importante los recuerdos de unos simples humanos y para no intervenir con la mortalidad de los mismos, le ordenó a Ekut que borrará sus recuerdos. Así lo hizo, ofreciendo la oportunidad de volver a nacer a cada alma que él consideraba correcta. La mayoría de los espíritus accedieron gustosos ante tal posibilidad, logrando que Scamall quede casi vacío.
Ekut que convivía con los mortales en las sombras, los veía morir y renacer olvidando sus vidas. No contento con la mortalidad de los simples humanos, desafió a Exnor. Ekut sostenía que el hombre sin poder y sin inmortalidad era monótono. Le era triste verlos morir y, aunque no lo dijo, se terminaba enamorando de algunas personas. Exnor aclaró el propósito que tenían los humanos; vivían por una sola razón, y era para idolatrarlo. No eran seres importantes, pero aun así le había bendecido con el don para lograr esa inmortalidad que deseaba, renaciendo. Esto no era suficiente para Ekut; cuando renacían tenían otros padres, habitaban otros espacios y creía que dejaban de ser ellos mismos. La discusión había terminado ahí para Exnor, Ekut no pensaba lo mismo.
Xinefelux que se había ido hace miles de años, aun esperaba la hora de derrocar a Exnor. Llamó a Ekut para ofrecerle una solución. Sólo él tenía todo el conocimiento del creador Exnor, pero no el poder para hacerlo. Xinefelux aprovecharía el don de Ekut a través de sus conocimientos para crear humanos no mortales. No solo debía convencerlo a él, sino a las dos diosas.
Anaxix y Ura, influenciados por Ekut espiaban a los hombres vistiéndose de cisnes y toda ave que les parecían bella. Sentían una verdadera fascinación por las costumbres de los humanos. Adoraban a su dios Exnor, pero nadie conocía de ellas. Miraban a las mujeres dando vida a seres pequeños que eran totalmente ajenos a las diosas. Nada podían envidiar de las arduas tareas que las mortales realizaban ni sus dolores de partos y sus cuerpos ultrajados por su maternidad.
Xinefelux conocía sus pensamientos, las había visto entre los mortales, deseosas por un poco de admiración de aquella gente para nada extraordinaria. A favor, Xinefelux contaba con Ekut. No sólo creía que su mortalidad era algo molesto, sino que incitaba a sentir en ellas la misma conmoción cada vez que veían envejecer y morir a alguna de sus conquistas amorosas. Para ellas la vida de un mortal era un instante que desaparecía para siempre. Xinefelux convenció a Ekut y a su vez, las convenció a ellas, las diosas estériles. Podrían crear humanos inmortales con dones que sobresalgan de entre los creados por Exnor. Así Ura accedió a Ekut.
Por la noche Ura visitó a cuatro mujeres, poniendo su mano sobre ellas, las fecundó. Dos de ellas traerían dos mujeres y las otras, dos hombres. Hizo lo mismo con Anaxix en otro pueblo lejos de allí. Volverían años más tarde para reclamar a sus hijos y ver aquellos seres sobrenaturales que habían creado.
Xinefelux siguió de cerca a los hijos de Anaxix y Ura, eran extraordinarios. La descendencia de Anaxix poseía poderes mágicos, podrían lograr lo que deseaban con solo pensarlo. El linaje Ura desbordaba belleza increíble y poderes sobre toda la naturaleza.
Al ver lo que Ekut era capaz, Xinefelux pidió fertilidad. Quería tener un hijo, excusándose por su soledad. Ekut le agració un día fértil sin saber qué, embarazaría a todas las mujeres de un pueblo persuadiéndolas a ser las madres de seres superiores. A pesar de no ser necesario el acceso carnal, disfrutó de cada una de ellas.
Dieciocho años después, reclamarían a sus herederos. Ura reunión a sus hijos, confesando sus verdaderas raíces y su razón de ser. Como su diosa creadora les ordenó poblar la tierra con su magnificencia. Fueron los primeros elfos en la tierra. Anaxix reunió a los suyos y les dijo que se alejaran de los mortales insignificantes, y que tomaran todo ese continente, nombrando así, el continente de Hannat,que según el lenguaje de los diosessignifica magia. Así poblaron los primeros magos la tierra de Unamilum.
Pasaron años hasta que Exnor notó la existencia de los magos y los elfos. Nunca se había ocupado de nadie más que de sus propias necesidades, pero esto le parecía un atropello a su autoridad y su grandeza. El don de Ekut fue pensado para dar fertilidad a humanos y le resultaba una insolencia terrible lo que habían creado. El dios supremo, Exnor, perdonó a Ekut, conocía las intenciones de su hermano. Sin embargo le exigió no volver a acercarse a Xinefelux. De mala gana, Ekut aceptó, sabía que las consecuencias de una negación recaerían en Xinefelux.
Exnor sintió envidia, era el dios supremo, debía tener un hijo. Le exigió a Ekut la fertilidad a Anaxix y ella accedió. Ambos concibieron un hijo, llamado Simut Deus[8], a quién concedería todos sus dones. Sería un joven por siempre para perpetuar la juventud de los humanos, él debía de recordar siempre que su padre era él y jamás podría ser mejor que su progenitor.
Xinefelux volvió a la soledad, para nada agradable. Ekut fue su compañero, junto a él disfrutó cada creación y ya no estaba. Envuelto en ira, se infiltró entre las distintas razas humanasy comenzó a crear discordia, las cuales prosiguieron en guerras.
Ekut irritado por ver a toda esas vidas fértiles morir, a causa de las guerra, fue al encuentro de Xinefelux. Lo incitó a parar con las guerras. Xinefelux pararía si él se quedaba a su lado. Ekut accedió a sus condiciones y por un tiempo hubo paz. Xinefelux pidió que le diera una noche de fertilidad, para poder tener descendencia, Ekut accedió. Pero esto no conformó a Xinefelux, convenció a Ekut a tener su propia descendencia, ya que era el único de los dioses que no los tenía. A pesar de la resistencia que tuvo en un comienzo accedió. Xinefelux trajo ante él a una de las hijas de Anaxis, con la que Ekut tuvo a su único hijo a quién llamó Inf[9].
Cuando Inf creció, Xinefelux se alegró. Había llegado la hora. Probaría el poder de Inf. Intentaría crear vida, totalmente distinta a los humanos y animales, persuadiendo a Inf a hacerlo. Inf no tenía idea de las órdenes de Exnor así que sería fácil convencerlo. Con el poder de Inf y el conocimiento de Xinefelux crearon centauros, grifos, dragones, y muchísimos seres fabulosos.
Ekut no tardo en enterarse, enojado, fue al encuentro de Xinefelux. Aseguraba que sólo había utilizado sus dones para su propio beneficio. Al no obtener respuesta decidió confesárselo a Exnor. El dios narciso estalló en cólera y terminó con la vida de Ekut. Apareció junto a su hermano, quién se encontraba con Inf. Al ver el gran cariño que Xinefelux había tenido para con Inf, no lo mató. Pensó que terminar con su vida era muy poco para todo ello que le había hecho. Abrió la tierra hasta el centro del mismo y, entre lava, envió a Inf, condenado a una eternidad de encierro. Su cuerpo jamás podría salir de allí. A los hijos de Xinefelux los maldijo, los hizo morir retorcidos de dolor, como venganza de haber jugado con su naturaleza mezclando humanos con animales y plantas. Mató a Xinefelux y lo encadenó al inframundo.
Cansado de la desobediencia entre las razas, creada por Xinefelux, Exnor ordenó a su hijo Simut Deus, ocuparse de la reproducción de cada uno. Muerto Ekut, su alma ya no era capaz de involucrarse en el mundo de los vivos. Las personas le eran poca cosa para perder tiempo en ellos, tenía mejores ocupaciones. Los conservaba para que lo adoraran y necesitaran de su gran poder, el cuál jamás gastaría para personas tan insignificantes.
Inf condenado a juntar las almas impuras, contaminadas por el odio de Xinefelux, debería cumplir bien su rol para lograr el perdón del dios supremo. Exnor le prometió devolver vida a su padre si mantenía a todas aquellas almas lejos de la reencarnación. Inf se convirtió así en el guardián de las puertas del infierno, que nació a raíz de su nombre. En forma no humana aparecería en el mundo buscando las almas de los caídos que eran perjudiciales para la existencia de Unamilum. Esperando el día en que toda esa maldad terminara para poder ser libre y recuperar a su padre. Había notado que Xinefelux, dios de sabiduría y la guerra, sólo quiso usarlos y que realmente todo lo que hizo era malo.
Para probar su misericordia y piedad, Exnor le dio a Inf el don de ver el futuro y advertir a los humanos, elfos y magos mediante profecías los peligros se avecinaban. Inf debería aprender a usarlas de la manera correcta para lograr así lo que tanto esperaba. Su eternidad en ese lugar no era algo que deseaba, no podía morir, pues, en parte, estaba muerto, su cuerpo permanecía encerrado. Inf, el custodio de las almas sin retorno, eligió humanos para llevar el don de la profecía y tratar de evitar el mal mayor en Unamilum.
Exnor no eliminó a las criaturas, creyó que deberían aprender a vivir entre ellos, las denomino criaturas del submundo, y las dejo que sigan su curso como lo había hecho con los humanos, los elfos y los magos. Los hijos de Xinefelux se habían convertido en almas demoniacas que poseían a humanos para lograr devolver a la vida a su padre.
Simut Deus, se encargaría del mundo mientras su padre era adorado y disfrutaba de los placeres creados.
<<El “que”, de mi tierra, lo pongo ¿y qué?>> Laura J. Felker
[1] Exnor: Dios supremo, dios narciso, creador de Unamilum y de todo lo existente en este.
[2] Xinefelux: Dios creador por Exnor, llamado hermano. Dios de la sabiduría y la guerra.
[3]Anaxix, diosa de la belleza y perspicacia.
[4]Scamall: Lugar donde viven los dioses de Unamilum. Un gran palacio oculto en lo que a simple vista los humanos ven como una nube.
[5]Ox: Ser inanimado que existe y recorre Unamilum como una sombra con el poder de sanar a quién lo necesite.
[6] Ura: Diosa del amor y la paz. Creada para persuadir los malos sentimientos y las maldades.
[7] Ekut: Dios de la fertilidad y la vida, su misión fue la de conceder la fertilidad, traer vida al mundo.
[8]Simut Deus: Hijo del dios supremo, Exnor.
[9] Inf: Hijo de Ekut, dios protector de las puertas del infierno, encargado de aprisionar las almas malignas de Unamilum.

