miércoles, julio 22, 2026

REorganizARTE

Sitio de encuentro para el arte y la lucha social

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Artes literariasEscritoresNarrativaVartan Gómez

La Pluma

–Señor, se le cayó esta pluma.
El Profesor Ariel More se paró en seco, se giró y vio a un nene de unos ocho
años, que, con cara de inocencia, le tendía la pluma con la mano derecha.
–Eso no es mío, nene –dijo More mirando la pluma que le ofrecían, una pluma
bastante grande, casi del tamaño de su mano, bastante ancha y de dos colores, blanco
grisáceo y negro azulado.
–Pero se le cayó a usted – dijo el nene mientras se sorbía los mocos de manera
sonora y bastante tosca.
–Habrá sido una pluma que estaba en el piso. Yo no tengo nada que ver, pibe.
Nos vemos.
En la iglesia, se escuchaba el sermón del Padre Cordero, que hablaba sobre
“amar al enemigo”. Curioso sermón, viniendo de alguien que no actuaba como
predicaba. Para Ariel More, amar al enemigo era zanjar una ofensa a la luz de la
Justicia Divina. Que la Verdad saliera a la luz, doliera a quien le doliese. Las Máscaras
de unos cuantos iban a caer apenas entrara a la Iglesia. La Comunidad del Colegio
Mairo Lince debía saber la Verdad detrás de tanta hipocresía. More había pagado el
precio del silencio y la opresión con un despido sin justificación y sin una mísera
indemnización después de tantos años de trabajo y vocación. Y faltándole tan poco
para la jubilación, la afrenta era mucho peor.
–¿Entonces no se va a llevar su pluma, señor? – preguntó el nene tras un grito
de llamada.
El Profesor More volvió a interrumpir su marcha. A cincuenta metros de la
entrada de la iglesia. Se dio vuelta y volvió a mirar al nene, que seguí sosteniendo la
pluma como para dársela.
–Ya te dije que voy a la iglesia.
El nene franqueó la distancia que los separaba y quedó frente al Profesor.
–Su pluma.
–Es tuya. Yo no la quiero, pibe. Tengo una cosa muy importante que hacer –
dijo señalando la iglesia.
–¿Va a ir a rezar? El Padre Cordero es la mejor persona que conocí. Es muy
bueno con todos nosotros. Nadie es bueno con nosotros. Con él podemos jugar a la
pelota y nos da muchos regalos y nos invita a comer. Los curas anteriores no eran tan
copados como él.
El Profesor More gruñó.
–El Padre Cordero no es lo que parece.
–Ah, ¿no? ¿Y por qué?
El Profesor More se quedó en silencio.
–No es algo que te incumba, pibe. Nos vemos.
–¿No se va a llevar su pluma?
–¿Y para qué quiero yo una pluma?
–No sé. Una pluma sirve para volar, ¿no?

–No somos pájaros, nene.
El Profesor More vio que el nene bajó la cabeza y empezó a sollozar. Su
respuesta había sido muy brusca. Se sintió mal por hacer llorar al nene.
En la misa, el Padre Cordero estaba bendiciendo el pan y el vino.
–Bueno, me llevo la pluma así no sigo perdiendo más tiempo.
El Profesor More tomó la pluma de manos del nene.
–Nos vemos, nene. Gracias por la pluma.
–Señor –volvió a interrumpir el nene.
More se paró a cuarenta metros.
–¿Qué pasa ahora, nene?
–¿Qué le hizo el Padre Cordero para que usted esté tan enojado con él?
El Profesor More gruñó.
–Si el Padre Cordero es tan bueno, ¿usted no será un señor malo?
Ariel achinó los ojos con bronca. Volvió a gruñir.
–El Padre Cordero no fue bueno conmigo, por eso estoy enojado con él.
–¿Y usted qué hizo de malo?
–Nada.
–No creo que por no hacer nada el Padre Cordero se haya enojado con usted.
–Las cosas no son tan fáciles, nene. Vos no sabés nada.
–Yo sé que el Padre Cordero es bueno, y que las plumas sirven para volar. Y que
usted está enojado, pero no me quiere decir por qué. ¿Es usted malo, señor?
El Profesor More miró la pluma. Miró la cara de inocencia del niño.
El Profesor More gruño nuevamente, pero no contestó nada. El nene tenía
razón. El Padre Cordero hacía mucho por el barrio. Aunque él hubiera visto su
Verdadero Rostro, no podía no reconocer todas las cosas buenas que había logrado y
cómo la Comunidad de Mairo Lince lo apreciaba con justa razón.
–Capaz que tengas razón, nene, y yo sí sea el malo de esta historia. Si hago lo
que quiero hacer, entonces sí sería El Villano.
Ariel miró la pluma. La hacía rodar entre los dedos, mientras recordaba todo lo
malo que sabía y que había vivido. Era una injusticia. Era víctima de una
Conspiración. Pero la Honestidad, el principio fundamental que regía la vida del
Profesor Ariel More, le impedía ahora pensar en darle tanta relevancia a su propio
Orgullo, ya que lo mejor que podría hacer era dejar de lado su soberbia intelectual,
vapuleada por el Verdadero Padre Cordero, y apelar a un bien mayor, que era el Bien
de la Comunidad. Paseó las plumas desde los dedos de la mano izquierda, a la
derecha, sin dejar de mirarla.
–¿Sabés que tenés razón, pibe? –exclamó el Profesor More sin dejar de mirar la
pluma rondando por sus dedos diestros. – Como vos dijiste, una pluma sirve para
volar… pero también sirve para escribir.
Ariel bajó la mirada para ver a su pequeño interlocutor, que hacía rato que
estaba muy callado.
El nene ya no estaba.

Ariel miró hacia todos lados. Ni rastros del nene que hasta hacía un ratito había
estado frente a él.
¿En qué momento se había ido? ¿Cuánto tiempo había pasado abstraído en la
contemplación de esa pluma de dos colores?
Ariel sonrió y se guardó la pluma en el bolsillo de la camisa.
Miró la plaza vacía. Miró la entrada de la iglesia, a sólo cuarenta metros de él.
Ariel sabía que ya no formaba parte de esa Comunidad.
Un Ciclo había terminado.
Toda una vida dedicada a la docencia en el Colegio Mairo Lince, tantos
recuerdos, tantas anécdotas, tantas vivencias, tantas experiencias, tanto aprendizaje.
Todo ello se los iba a guardar en su corazón. Nada ni nadie iba a poder arrebatárselo
jamás.
Podrían haberle quitado su trabajo, pero nunca su Historia.
Era hora de volar.
Sonrió, mirando por última vez su Segundo Hogar, con una sonrisa triste y
melancólica, una sonrisa de despedida, y se giró para volver a su casa.
Igual, no pudo evitar agachar la cabeza, con un fuerte sentimiento de derrota.
Cuando llegó a la esquina, vio algo tirado en la vereda. Algo que sin duda nunca
hubiera visto si no hubiese ido con la mirada cabizbaja.
Era una pluma.
La levantó.
Era muy parecida a la que le había dado el nene un rato antes, pero esta era de
color aceitunado, con algunos toques de verde mucoso.
Ariel More lanzó una sonora carcajada y miró el sol de la tarde que ya se iba,
rojizo, por entre las nubes anaranjadas.
Guardó la pluma en su bolsillo, junto con la otra.
Siguió su Camino hacia un incierto futuro, pero, esta vez, con una sonrisa de
confianza y con la frente en alto.
Con la frente siempre en alto…

VARTAN GÓMEZ
Martes 14 de Julio de 2026

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